El peor enemigo de la pesca

Miércoles, 18 de Agosto de 2010 14:12 Ignacio Rojo Herguedas
Imprimir

Fuente: diariodeleon.es

Es evidente que la pesca deportiva no aparece entre las prioridades de las administraciones que se ocupan de los usos del agua. Los desembalses por las compuertas de fondo, las variaciones de caudal provocado por las minicentrales o los caudales mal llamados ecológicos que dejan prácticamente secos amplios tramos de río son el pan nuestro de cada día. Por si esto no fuera suficiente las confederaciones hidrográficas, dependientes del estado central, se dedican a convertir los cauces en auténticos canales destrozando las márgenes. Además se encuentran enfrentadas con la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León competente a la hora de salvaguardar la fauna piscícola. Los intereses de una y otra administración chocan con demasiada frecuencia pues los objetivos que se marcan son diferentes cuando no antagónicos.

Escolleras kilométricas, extracción de áridos y de cuantos troncos y árboles milenarios, que son el principal refugio de las truchas, «obstaculizan» el libre discurrir del agua, son las actuaciones mas comunes de las que además hacen a diario alarde publicitario. Los ríos regulados son los que mas sufren la política hidráulica que tiene los abastecimientos, el riego agrícola y la producción hidroeléctrica como prioridades por encima de la conservación y buena salud de las poblaciones piscícolas. La minicentral de Camposolillo en el río Porma, por encima de la presa de Vegamián, es un buen ejemplo de cómo impedir la reproducción natural de las grandes truchas pantaneras. La solución declarar el embalse como tramo de pesca sin muerte, como si los pescadores fuesen los culpables de la baja densidad de truchas y salmones que alberga. Pero también los no regulados sufren por causa de las mala política hidráulica. El Omaña, uno de los ríos con mayor encanto y, antaño, con más truchas, está siendo objeto de una agresión sin precedentes. Maquinaria en medio del cauce eliminando troncos y vegetación subacuática lo están convirtiendo en un canal donde las truchas van a tener pocas posibilidades de sobrevivir. El desatre del Esla. Antes del cierre de la presa de Riaño el Esla disponía de acotados realmente maravillosos. Escaro o Bachende, hoy anegados, eran un auténtico paraíso, pero también Las Salas o Valdoré, por debajo de la presa y que aún persisten como cotos de pesca pese a que nadie consigue una captura de abril a agosto. La razón es muy sencilla. El agua se desembalsa por las compuertas de fondo y por esta causa está a una temperatura de entre tres y cuatro grados y apenas contiene oxígeno disuelto. Por otra parte los caudales para alimentar el canal de Payuelos y de la margen izquierda del Porma son tan brutales en verano que rompen el equilibrio del cauce de forma que para las truchas la vida se hace imposible. Los pescadores deportivos han desaparecido de estos tramos de río aunque por los cotos todavía aparece algún despistado, casi siempre foráneo, que se despide jurando que le han timado y que no volverá nunca mas. Tan solo a partir de Cistierna el río cobra algo de vida, mejorando río abajo cuando el agua comienza a tomar temperatura y a recuperar oxígeno. En estas condiciones no resulta extraño que los cotos de Pesquera, Gradefes e incluso Quintana, el ubicado mas abajo, dispongan de abundantes permisos sobrantes. Sin embargo el tramo libre sin muerte, próximo a Mansilla de las Mulas, se mantiene muy bien de truchas pese a los furtivos. Sil y Órbigo. Tal vez el río mas aprovechado para la producción hidroeléctrica sea el Sil, uno de los cauces mas ricos en fauna piscícola. El sistema de embalses jalona el río desde Villablino a límite de la provincia de León. Las magníficas carpas de Bárcena o la abundancia de «peixes» en todo el curso bajo se complementa con las grandes truchas color pizarra y pintas rojas como sangre que lo han hecho famoso. También es uno de los ríos mas contaminados, especialmente de Ponferrada para abajo, situación que podría mejorar con la puesta en marcha de la nueva depuradora de aguas residuales. La necesidad de limpiar el cauce se resuelve a menudo con fuertes desembalses que, csi siempre, revuelven los fondos y ocasionan una importante mortandad de truchas, precisamente las más grandes que son las que necesitan más oxígeno disuelto. Pero los mayores «cabreos» corresponden a los pescadores del Órbigo, que son muchos, por debajo de Carrizo y mas concretamente de la central de Alcoba. La puesta en funcionamiento de esta central en las horas del mediodía coincide con la mejor hora para pescar a mosca, ya que entre la una y las cinco de la tarde se produce la eclosión de insectos. El pasado año, con motivo de la construcción de la EDAR que pretende dar solución a la depuración de las aguas residuales de los populosos municipios ribereños, se limpió el cauce en un amplio tramo. De nuevo las máquinas acabaron con la maleza, troncos y vegetación y dejaron el lecho como un solar. Los responsables de la Confederación Hidrográfica del Duero, en vez de gastarse el dinero en publicidad y autobombo, debería aprender de sus colegas europeos. En Francia y Alemania las escolleras se colocan en los lechos de inundación, nunca dentro del cauce. Sirven para proteger poblaciones y cultivos de las riadas, no para constreñir las márgenes y dar satisfacción a la voracidad por el suelo público de unos Ayuntamientos que luego se quejan cuando éste se inunda

Última actualización el Miércoles, 18 de Agosto de 2010 23:39